Bueno, ya que soy profesor de Historia, vamos hacer un trabajito de historiador (mi profesorado me lo permite de forma academica). Vamos a usar el método bibliográfico, aunque voy a ser breve y coloquial. De paso, luego lo reformulo, y lo resubo más formal a mi blog (que tengo que renovar dominio, aguarden).
Consiguientemente, dejaré la bibliografía con la que me sustento:
“La ciudad cristiana”, Rubén Calderón Bouchet
“La Ruptura del sistema religiosa en el siglo XVI”, Rubén Calderón Bouchet
“Iluminismo y Política”, Rubén Calderón Bouchet
“Historia de la Argentina", Ernesto Palacio
“Las ideas de mi tío el cura”, P. Leonardo Castellani
“Orden Natural”, “Orden Social”, Carlos Sacheri
Empecemos, no voy a citar de todos los libros, ya que muchos son de referencia del tema.
Ya que, sino, se volvería más largo el artículo de lo que es.
“Santo Tomás dice que los doctores sacros, entre los cuales los primeros enumera los obispos, ganan en la lucha de la tierra (habla de los doctores que luchan, es decir, los verdaderos doctores, como lo fue él mismo por cierto, robusto paladín de la verdad con armas del espíritu) —ganan, decía, defendiendo la verdad una aureola más fúlgida que los reyes santos y los santos confesores…— “quia hujusmodi pugna versatur circa bona intelligibilia, aliæ vero pugnæ circa sinsibiles passiones” (4 Sent. d.49, q.5, a 5, sol. 2) — porque ellos luchan contra los espíritus, esotros sólo contra la carne. Ahora, el godo Agobardo luchó contra los espíritus (contra Gidefrido Y Amalrico, herejes, contra el bárbaro usdo jurídico de las “ordalias” o juicio de Dios); pero a pesar de las letras y libros— “vir alioquin circunmspectus et hispánicæ subtitate non indignus” — se ve que le gustaba también el mandoble y la cota de malla. ¡Se metió en política y en contiendas temporales hasta decir basta! ¡Que hubiese dicho La Prensa, si existiera en aquel tiempo! ¡Qué Profanación! ¡Un funcionario público!
El Poeta Charles Baudelaire sabía decir que en este mundo sólo existen tres hombres: el Sacerdote, el Guerrero y el Poeta —el saber, el pelear y el cantar—, y además todos lo que a estos tres tipos cerca o lejos se asimilen. “Todo lo que queda fuera désto, son funcionarios —decía con saña Baudelaire— es decir, cosas que funcionan”. Agobardo Lugdunense era medio las tres cosas a la vez; lástima que nunca llegó a sintetizarse; de ahí que si la Iglesia de Lión lo puso en el Santoral, nunca la Iglesia Romana llegó a canonizarlo.
“Las ideas de mi tío el cura”, Leonardo Castellani, pp. 115
A las circunstancias de orden interno se agregaba, para que ello ocurriera, el ejemplo europeo. Con la expansión del capitalismo financiero se iniciaba la época de los grandes negociados y se difundía el afán de la riqueza fácil. En 1880 se constituyó, precisamente en Francia, la Compañía del Canal de Panamá, que originaría uno de los mayores escándalos de la época. El mundo “marchaba” a psos gigantescos. El Progreso anunciaba una época próxima de prosperidad, de felicidad y de goce. El positivismo que se imponía como credo de las nuevas generaciones relegaba como quimérica la idea de lo sobrenatural y con ella muchos viejos escrúpulos y sólo dejaba en pie los sólidos goces que confieren la riqueza y el poder. A esas influencias europeas, sobre todo francesa, respondía la élite juvenil que acompaño a Roca en su acción, constituida por abogados u hombres de letras que viajaban a París y volvían entusiasmados con la política “progresista” de Grévy, en su campaña contra las congregaciones y la enseñanza religiosa. Se distinguía entre ellos Miguel Cané, Lucio V. López y Eduardo Wilde, flor del “porteñismo”.
“Historia de la Argentina”, Ernesto Palacio, pp. 562
Sobre la base de estos textos, y el marco teórico de Sacheri, podemos construir la base de cómo tiene que ser una sociedad verdaderamente sana.
Empezando por la estructura social en tres estratos, cómo marco Castellani, dividirla en Poetas (el clérigo, obispos, sacerdotes, monjes; dándo la fuerza espiritual a la sociedad), los militares (contra parte del gobierno, junto con la primera, los caballeros, defendiendo a los otros dos estratos, en su máxima “defensor de la debilidad”) y los funcionarios (dedicados a lo que funciona, la economía real, los oficios…).
Tal que, todo lo que quede fuera es parasitario de la sociedad. ¿Y la industria financiera, “traders”, prestamistas usureros, corredores de bolsa, cripto inversores, etc. dónde están? Pues, fácil, son parásitos de la sociedad, aprovechandose de la economía real para seguir con sus “negocios” financieros (cómo dijo uno de sus prácticantes, el judío Jeffrey Epstein).
Luego, continuando con Sacheri, en lugar de la división de poderes, tan lejana para el ciudadano promedio, los cuerpos intermedios, la mejor opción para evitar la tiranía. Principalmente, el principal cuerpo intemedio, los gremios (no confundir con su intento de imitación “barata” y fracasada de los “sindicatos”, tendría que ser delito referirse a los sindicatos como “gremios”, “asociación gremial”, etc.). La mejor forma de solucionar el tema del desempleo son los gremios, ya que cualquier desempleado, puede entrar cómo aprendiz en un gremio, y en unos años ya se está ganando la vida con un oficio.
Espero que les haza resultado de agrado la lectura, me despido.